El pecado de carnestolendas se purgó en 1675 con 8.000 reales


Los bañezanos llevan meses, como todos los años, preparando el Carnaval, y este año lo celebrarán con más ganas, después de que el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio declarase en enero a la mascarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Podía intuirse, pero cuando empezaron a pensarse los disfraces y cuando las agujas ya corrían por las telas de los más prevenidos aún no había certeza de que, finalmente, llegase la orden que da título nobiliario a la fiesta bañezana por antonomasia.

El Ayuntamiento de La Bañeza inició los trámites para conseguir la declaración en enero del 2009, con la aprobación de la memoria en Pleno y con la necesidad de que la Junta de Castilla y León, que lo había distinguido con el Blasón de Plata al Turismo y la declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional, informase a favor de la iniciativa. Se abrió entonces un proceso en el que el ministerio solicitó ampliar información y otros documentos, con el fin de aclarar algunos aspectos necesarios para confirmar la categoría del Carnaval.

Hay quien ha querido vestir al Don Carnal bañezano con atuendo del medievo (quizá tenga sus razones), aunque los documentos más antiguos remiten al siglo XVII, como explica Albano García Abad en La Bañeza y su historia , en el que se refiere «a la fundación de las cuarenta horas en los días de carnaval», por la cual un vecino de la ciudad, un tal Luis González, dotaba con 8.000 reales la purga por los excesos cometidos en esos días «con misa, sermón y exposición del Santísimo». Corría el año 1675 cuando se dio fe del documento. El actual cronista oficial, Conrado Blanco, ve en las comedias el germen de la fiesta y su antecesor en el cargo, José Marcos de Segovia, habla de las inundaciones de 1900, que aguaron las carnestolendas, y de la actuación de una comparsa en 1914 a beneficio de los soldados que combatían en África. Resultan llamativos los bandos dictados en los años de la República para mantener «el buen orden y moralidad», en los que no se permitían «estampas, grabados o carteles que ofendan la moral» en la fiesta de mofa.

Doña Cuaresma, manceba de los dictadores

En plena Guerra Civil, el Ministerio de la Gobernación -”en un escenario bélico no tenía mejor cosa a la que dedicarse-” dictó una orden el 3 de febrero de 1937 en la que prohibía los carnavales. El 14 de febrero de 1952, el gobernador civil, Juan Victoriano Barquero y Barquero, advertía de la vigencia del precepto, responsabilizando a los alcaldes de su cumplimiento. Con el paso del tiempo, Don Carnal se disfrazó de Fiestas de Invierno, consiguió la autorización del Gobierno Civil y el 1 de marzo de 1973 el alcalde solicitaba una subvención al Ministro de Información y Turismo para unas fiestas presupuestadas en más de 250.000 pesetas, sufragadas por el Ayuntamiento, la hostelería y los vecinos.

 

Fuente: Diario de León.

 

 

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