Orejas de carnaval (relato)


En la llanura bañada por el Tuerto, el Duerna y el Órbigo en estas fechas sus gentes se esconden del frío en sus casas mientras preparan con misterio el vestuario que lucirán para recibir a Don Carnal. A las faldas del brasero se apresuran a terminar de coser las lentejuelas que darán luz y color durante varios días en esta ciudad que no duerme en fechas tan señaladas para los bañezanos y bañezanas de todas las edades.

Son días especiales, únicos. Una vez que salgas de casa y cierres la puerta no sabes lo que te espera fuera. Sus ciudadanos invaden las calles con risas y sorpresas que no dejan indiferente a nadie. La música carnavalera, las barbacoas o los chiringuitos, inundan las aceras mientras sus habitantes se mueven al son de las charangas.

Antonia, la bruja bañezana, cumple este año su vigésimo quinto antruejo. Parece que fue ayer cuando se enfundó en su traje de colores y lentejuelas, cogió la escoba de su abuela, y el gorro de bruja piruja de su hermana pequeña. Cada año, y ya van unos cuantos, todos las noches de los lunes carnavaleros se pone el mismo disfraz y recorre la calles de esta ciudad invadidas por personajes misteriosos, sorpresas en cada esquina, luces heladas, y aceras repletas de serpentinas, confeti, y escarcha blanca. Con su escoba sobrevuela entre los habitantes que bailan al ritmo de la música más animada y pegadiza que suena en cada rincón.

¡Viva el carnaval bañezano!

¡Viva los bañezanos y bañezanas!

Relato de: Conlapanzallena.wordpress.com

 

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