Marzo 2011, una pasada de carnaval


Por Polo Fuertes.

Bueno, vale, vale. Ya sé que hubo un centenar de atenciones a comas etílicos. ¿Qué pasa? Es lo menos que puede pasar en una concentración de miles y miles de personas (jóvenes, viejos, chicas, chicos y demás familia). No pasa nada. Era carnaval, era el 25 aniversario de nuestra Noche Bruja. Y la ciudad se llenó, se abarrotó (casi revienta). Vale, vale, ya sé que hubo un centenar de atenciones a comas etílicos. Pero…

Vamos a ver. He sido un asiduo de esta Noche Bruja cuando mi esqueleto me lo permitió. Hoy sólo actúo de mirón, aunque procuro que nadie me vea vestido de calle, escondiéndome en la oscuridad de la curiosidad. La de este año fue una pasada de participación. Algo que nunca soñamos los que, de alguna forma, dimos el pistoletazo de salida al invento, pero sin saber muy bien el contenido.

No pasada nada. Siempre habrá alguien que meta la pata a sí mismo, pasándose de copas o de cubalibres. Peor para ellos. Fueron los que se perdieron. Otros, cuando ya la compra de alcoholes ha sopesado los límites de la responsabilidad, se lían a maltratar árboles y mobiliario urbano. Qué se le va a hacer. A Dios gracias y, a lo peor, al diablo, se acabaron las prohibiciones. Cada cual que haga lo que le venga en gana. Pero sobre todo, que se divierta. A tope. Eso es el carnaval en libertad.

Pero si la Noche Bruja fue una pasada, hay que poner una nota muy alta, casi cum laude, a la mañana del sábado o por la noche. Se me pusieron los dientes largos de envidia mientras me rechinaba la prudencia de mi prótesis de cadera. Estos días son el auténtico carnaval bañezano. Chispa, fantasía, imaginación, números sueltos (o atados) y hasta un poco de trasgresión si cabe. Estos son los verdaderos méritos que alcanzaron la declaración de Turismo de Interés Nacional.

No puedo olvidarme de los desfiles. Como alguien dijo hace 25 años para parir la Noche Bruja, hay que potenciar, de una vez por todas, el desfile del domingo, hay que redescubrirlo de nuevo para que no desentone del resto de los actos carnavaleros. Quizá fue la tarde más floja. Porque el desfile de los más pequeños llena de gozo a las gentes de mi generación. Estamos seguros que nuestros descendientes sabrán pechar con lo que les echen, tanto desfilando como echando a pacer su imaginación.

En cuanto al desfile del martes merece, creo, un punto y aparte en esta columna de despedida carnavalera. Yo no sé si hubo 2.000 o 3.000 participantes. No los conté, ni me importa. Pero supe que ese martes más largo del año, que empieza con las primeras horas brujas y concluye con el último tararí de las charangas, tiene cuerda para rato. Bueno, sí, ya sé que lo de los vasos y contenidos correspondientes… ¿Qué pasa? ¿Lo vamos a prohibir? Qué poco saben algunos de prohibiciones en carnaval. Sobre todo esos cuarentones criticones que no supieron nunca de multas y denuncias de policías, serenos y guardias civiles. La mayor de las veces dejadas en aguas de borrajos. Bravo por los grupos y peñas. Algunos salvajes en número, pero con la ilusión de participar en una gran parada, en una magna cabalgata (sin caballos), que hicieron vibrar a los miles y miles de espectadores que llenaban el recorrido.

Y el miércoles, con la llave puesta ya en la cerradura de la cuaresma, el entierro de la sardina. Bueno ahí está. No, no voy a criticar nada, porque también me gustó. Las coplas no tienen por que ser un dechado de métrica y poesía. Con que cumplan su cometido satírico nos damos con un canto en los dientes. A lo peor, es que hay que cambiar la maqueta del festejo. Pero todo se andará. Una maqueta que tiene ya una tira de años y a la que yo puse también mi granito de arena, con la introducción de las coplas en el cortejo.

Por eso, amigos lectores, dejadme hoy concluir esta columna, que solo pretende echar el corazón por delante, con el estribillo de aquellas primeras coplas sardineras que, durante muchos años, fue la mejor oración mortuoria de la esquela anunciadora:

Llorad, hermanos, llorad,

llorad esquelas de espinas

que nadie nos va a evitar

que enterremos la sardina.

Hoy ya estamos en cuaresma, como una especie de Ramadán a lo cristiano. El que tenga de ayunar y abstenerse que ayune y se abstenga si quiere y el que no, que lo deje. Que eso es la libertad. Así, que amén Jesús.

 

Fuente: Ibañeza.es

 

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One Response to Marzo 2011, una pasada de carnaval

  1. Luigi dice:

    Bravo por Polo .Tienes toda la razón.Siempre hay algunos “retrasados “que no saben divertirse sin estropear algo,pero que le vamos a hacer .Pero por esos pocos…vamos a sernegativos?El carnaval fue cojonudo..Lo positivo fue un 99 por ciento.Deja ese negativo del 1% para los aburidos y criticones,que nunca faltan ,los meapilas de siempre.

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