El secreto del carnaval


No hay una fórmula milagrosa que nos puedan robar o copiar en otras localidades para superar el éxito del carnaval bañezano. No hay una lista de ingredientes a seguir, como si fuera la receta de una delicia gastronómica, ni una varita mágica que otorgue a La Bañeza esa facilidad para convertir sus calles, sus plazas o cualquiera de sus rincones en un espectáculo continuado durante los seis días que dura la mascarada.

No hay libros escritos ni manuales de trucos para asegurar el triunfo año tras año. No hay alcaldes ni concejales que consigan, mediante un decreto, que el carnaval de La Bañeza se supere en cada edición, dejando -de forma involuntaria- a rivales y contrincantes un poco más lejos de conseguir alcanzar la fama que desde tiempos remotos tiene La Bañeza. No hace falta gastar mucho dinero en un traje impresionante, ni vestirse de princesa.

No hay ningún secreto que consiga que el carnaval sea la seña de identidad de La Bañeza, ni trucos para ser merecedores de un galardón como el conseguido el pasado año: nada menos que declarado de Interés Turístico Nacional… No hay patrones especiales ni modistas expertas que sean capaces de dar vida a un disfraz con unos metros de tela, unos accesorios de costura y unos complementos que acompañen el conjunto.

No hay nada en La Bañeza que no se pueda comprar en otras ciudades que se han visto obligadas a cambiar su desfile de día y dejar a La Bañeza disfrutar del protagonismo de su Martes de Carnaval, mientras se animan a venir, con su disfraz, e impregnarse del aroma carnavalero que solo tenemos aquí, participan de la fiesta sintiendo ese nosequé que solo tienen los carnavales bañezanos.

No hay pelucas ni maquillajes específicos que integren a la persona en el personaje, ni actores profesionales que se instalen por unos días en la ciudad para encargarse de representar la mascarada. No. El secreto del carnaval bañezano está en sus gentes: en esas personas que lo llevan en las venas, que pertenecen a familias carnavaleras que durante generaciones han celebrado la fiesta y aún en tiempos de prohibición se saltaban las normas y salían a correr el carnaval corriendo el riesgo de acabar en el cuartelillo.

El secreto lo tienen esos carnavaleros que desde la mañana a la noche y de la noche a la mañana están en la calle representando un papel y durante los días que dura la fiesta se meten en la piel de media docena de personajes dándole a cada uno de ellos todo lo que tienen. El secreto está en esos baúles que atesoran cientos de personajes que cada febrero cobran vida en el cuerpo de algún miembro de la familia, o de esos nuevos personajes que se tejen entre los restos de trajes de carnavales anteriores.

Fuente: A. Cordero / Ibañeza.es

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