Pregón 1987, por Isabel Baeza


Queridos bañezanos: Como ya sabréis por el programa de festejos, me encuentro entre vosotros, después de quizás demasiados años de ausencia, en calidad de pregonera de vuestros queridos carnavales.

La cosa surgió este verano, cuando de paso a Galicia para ver a la familia, hicimos un alto en el camino para recordar mis tiempos pasados aquí, y nos encontramos con la grata sorpresa de la hospitalidad y el cariño que siempre os distinguieron, se hicieron tangibles en las personas de la concejala de cultura Nuria Pérez y vuestro alcalde Antonio Fernández Calvo. A ellos se debe el que con algún sacrificio y una gran ilusión, quitando el tiempo al escaso descanso de fin de semana de que dispongo, me encuentre hoy aquí, entre vosotros, dispuesta a glosaros los carnavales de este año.

No sé si soy la persona adecuada para ello, ya que me consta que lo han hecho en años anteriores prestigiosas figuras de las letras y las artes; pero si sé que lo hago con un gran deseo de agradaos, y que en ello pongo todo mi corazón y cariño, intentando únicamente llegar a vosotros y deciros sinceramente que os recuerdo con amor,  y que a pesar del tiempo transcurrido, no he olvidado ni olvidaré a La Bañeza y sus gentes, que me acogieron con apenas un mes de vida y me ayudaron a hacerme un ser humano capaz de apreciar las cosas bellas de la vida entre las que vosotros os distinguís por vuestra bondad, generosidad, alegría y nobleza.

Y es que en verdad cuando en Madrid me preguntan donde nací, siempre tengo la duda acerca del lugar. En mi carnet de identidad reza que Pontevedra, Galicia, pero mi corazón dice que en La Bañeza, porque aquí llegué con cuatro días de vida, aquí me crié, aquí pasé mi primera juventud, aquí tuve mi primer amor, y aquí en definitiva, fue donde aprendí a ser persona.

Recuerdo con cariño de La Bañeza tantas cosas… El colegio de monjas, de las Hermanas Carmelitas, donde hice el bachiller. A muchos de mis profesores de entonces: el señor Poyán, que me daba clase de matemáticas, y a quien tuve la alegría de saludar este verano después de tantos años. A Nuria Pérez, gracias a la cual aprendí a ser ama de casa ya casi en desuso entre la juventud de hoy, pero que a mi me sirvió tanto o más que las clases de matemáticas… a Pilar Baeza, quien me enseñó eso que se llama política, que yo por entonces aprendí a duras penas de corrido, y que sin embargo fue la base para poder degustar y comprender hoy en mi presenta, eso tan bonito, por eso tiene nombre de mujer, que es la democracia, y disfrutar tanto como lo hago entrevistando en mi programa a los políticos, de quien me honro en ser amiga, y con quien no hago distingos por su pertenencia a variados partidos políticos con que nuestra idiosincrasia nos ha regalado, y aún que a mi particularmente, me parezcan demasiados.

Pero volvamos a mis recuerdos de aquellos años, no olvido tampoco a mis amigos de entonces, aquellos chicos y chicas y aquellas enormes pandillas que formábamos. Y aquel punto de reunión, a la puerta de un establecimiento que es ya historia en La Bañeza, y cuya familia fundadora ha dado un eminente hombre al mundo de la música: Odón Alonso. Ya sabréis todos pues que me estoy refiriendo a los Imperiales Alonso. Que gran alegría haber visto que a pesar de los años el lugar sigue,  que para nuestro deleite, los exquisitos dulces se siguen haciendo, siendo de la mejor calidad. Y los besitos, que yo dejé, siendo de Conrado Blanco y a quien ahora me encuentro convertido en cronista oficial de la ciudad, y quien tuvo la delicadeza, este verano de obsequiarme con ellos. Los soportales de la calle Astorga. Recuerdo los guateques, aquellos famosos guateques con los que nos divertíamos los jóvenes de los años 60. La plaza del ganado, yo viví algún momento enfrente, con sus vistosas ferias. La iglesia de Santa María en la plaza Mayor, con su peculiar torre y destruida por el fuego, y que ya no me puedo imaginar de otra manera. La misa de Gallo en ella con sus villancicos y su adoración al niño Dios. La iglesia de San Salvador del más puro estilo románico. La azucarera, con su molienda de remolacha de donde se sacaba, se saca, la gran producción de azúcar. Las fiestas de su virgen, el 15 de Agosto con sus bailes en el casino y sus comilonas de ancas de rana, en casa Boño; el bacalao, la buena cecina, las alubias… todavía las sigo comprando, la limonada de Semana Santa, la cuelga de cumpleaños y tantas y tantas cosas.

Pero en especial me acuerdo de las personas, tan alegres, tan cariñosas, tan llenas de vida, tan serviciales. Aunque no lo parezca y os suene a peloteo, a pesar de la distancia, en kilómetros, por alguna razón o casualidad, siempre me he ido enterando de quien se casaba, quien tenía hijos, quien para mi pena, había muerto, de esa pandilla de la que os hablaba antes, de los que desafortunadamente dejaron esta vida, casi siempre por un desgraciado accidente de coche. Amigos muy queridos por mi, a los que nunca olvidaré.

Pero no es tiempo para hablar de cosas tristes. Estamos en carnaval, y vuestro alcalde me ha pedido que venga a glosaroslos, cosa que por lo tanto paso a hacer a continuación.

Empezaré por deciros que aunque la palabra carnaval esté unida etimológicamente a la idea de abstinencia de carne, yo preferiría referirme a ellos, mas bien relacionándolos con uno de los innumerables ritos del invierno, uniéndome así a vosotros en vuestro gusto en llamarlos fiestas de invierno.

Los carnavales comenzaron siendo en la antigüedad, como todos sabréis, una explosión de alegría que junto con la máscara y las charangas eran las manifestaciones esenciales que es sus orígenes tenían un significado muy distinto al de relajamiento y evasión que hoy se les atribuye.

Los elementos del carnaval, se remontan a creencias muy antigüas que dieron nacimiento a determinadas ceremonias de la época histórica, tales como las fiestas de Dionisio en Grecia y las Saturnales o Lunercales en Roma, que se celebraban en la misma época del año que el Carnaval. Con la llegada del cristianismo se fue perdiendo la significación simbólica y mágica de estas fiestas, pero las prácticas sobrevivieron, amparadas incluso por el clero mediaval, que dió cobijo, en la iglesia misma a fiestas populares groseras, tales como la del Asno, la de los Locos, etc., algunas de ellas vigentes todavía en el campo.

Lo que el carnaval urbano ha conservado de sus antecedentes primitivos es sobre todo la máscara. En España hubo que prohibirlas en varias ocasiones, sin resultado práctica, así lo hicieron Carlos I en 1523, Felipe V en 1716 y 1745, Carlos IV en 1797, y así sucesivamente, hasta, aproximándose en el tiempo, la etapa franquista, último caso en que para no romperse la tradición (sin resultado práctico) se celebraba en círculos privados: casino, círculo mercantil, etc. Y digo sin resultado práctico, porque La Bañeza a pesar de la prohibición, siguió haciendo sus carnavales. Los bañezanos os disfrazabais a pesar de la policía, a pesar de la guardia civil, a pesar, en una palabra de la autoridad competente. el subterfugio era, no llevar máscara, no lleva la cara tapada. Con ello casi se cubría el expediente, a lo más una multa, pequeña, eso si, pero que compensaba con creces el haber podido “correr a fondo el carnaval”. Pero esta etapa yo no la he vivido, esa etapa me la han contado. La que yo recuerdo con total nitidez, fue la de la década de los 60. El carnaval seguía prohibido por las calles, por lo menos las más céntricas, en plan organizado. Pero lo que ya no se podía evitar, ni si quería, era prohibir el “paso” de los niños, acompañados de sus madres camino de los bailes infantiles que ya se celebraban en círculos privados. Además de ello, siempre había algún grupo que iba hacia la parte alta de la ciudad para con mayor libertad organizar su propio carnaval. De ahí a la actualidad, la cosa sin saber a ciencia cierta como, tengo entendido que fue un sin parar. Se pasó de la prohibición del alcalde a la tolerancia, de no querer saber nada mientras la cosa no transcendiera, mientras no hubiera problemas. Pero el tiempo pasa, los regímenes políticos también. La democracia llegó y todo aquel alubión contenido, saltó desbordando los diques de contención ilógicos. Desde hace años hasta hoy, los carnavales bañezanos, me cuentan, se han ido agrandando. Y es que de las pequeñas aportaciones de comerciantes y amigos con que se contaba, a la cifra aportada este año por el Ayuntamiento de 5 millones de pesetas, la diferencia es mas que notable. Los grupos han proliferado, la gente participa a tope. Y en este contexto me cabe el orgullo de ser vuestra pregonera. En el momento, como decía más importante de la historia de los carnavales de La Bañeza.

La comisión de festejos y al frente de ella su presidente Ramón Santovenia, han trabajado duro, pero con ganas y con orgullo de poderoslos presentar para vuestro particular goce, ya que sois solo vosotros sus verdaderos protagonistas.

Pero sigamos haciendo historia. Los carnavales a pesar de las prohibiciones, alcanzaron gran difusión en Europa, especialmente en el Renacimiento. Los carnavales italianos se hicieron famosos, sobre todo el de Roma y el de Venecia. Este último en cuya celebración intervenían el Cux y el Senado veneciano, alcanzaba una solemnidad y una riqueza inigualables.

A comienzos del siglo XVIII se introdujo una novedad en el carnaval francés, la de los bailes de máscaras. Costumbre que pasó muy pronto a España que como os decía fue rápidamente prohibida por Felipe V, si bien consta en los libros que a mediados de siglo se celebraban diversos bailes de disfraces, con pretextos mas o menos benéficos, en algunas ciudades españolas. El momento de apogeo de los bailes de máscaras en España, fue precisamente el siglo XIX. Larra nos ha dejado espléndidas descripciones de los bailes públicos y privados que se celebraban en Madrid en 1834 . Otras manifestaciones populares alcanzaron por entonces en España, popularidad. Tal era el “entierro de la sardina” del miércoles de ceniza, tan maravillosamente pintado por Goya, que empezaba por una procesión burlesca, en la que se parodiaban los cánticos y ceremonias eclesiásticos, para concluir con el entierro de una sardina, celebrado en medio de un general bullicio. Esta procesión que hoy se sigue celebrando fue objeto en el siglo XIX de una importante innovación: el entierro del carnaval, que se desarrollaba con el acompañamiento de un estruendoso cortejo de máscaras durante la tarde del martes de Carnaval, ceremonia completa con la que en nuestros días damos por finalizado el Carnaval para entra a la cuaresma.

Pero que pena me da el saber que os estoy hablando del carnaval sin poder degustarlo, que pena me da no poder asistir a vuestra Noche Bruja, de la que vuestra concejala de cultura me ha hablado, exaltándome la prioridad que se da esa noche a la acción individual. Una aportación nueva en vuestro carnaval y que me dice ha sido muy bien acogida. Que pena me da no poder degustar las riquísimas sopas de ajo de “después” y que recuerdo con tanta nostalgia, ya que solían ser la cena habitual de mi niñez, tan calentitas, dentro de su puchero de barro amasado por las manos de los buenos artesanos de Jiménez de Jamuz, con su imprescindible pan de hogaza y acompañadas de una cuchara de palo; sopas hechas por supuesto al amor de la lumbre de carbón de aquelas cocinas bañezanas donde se cenaba y se agrupaba la familia al amor de la radio, momentos antes de irse a los gélidos dormitorios de aquellas casas sin calefacción de mi niñez en La Bañeza. Que pena me da no poder disfrazarme y mezclándome entre vosotros poder vivir de verdad el Carnaval bañezano. Que pena me da… y es que dada la premura del tiempo (no sé si debo decirlo o no= pero en cualquier caso siempre me acercará más a vosotros, bueno será que sepáis que mi estancia aquí implica un gran sacrificio para mi y mi familia, que terminó de trabajar ayer a las tres de la madrugada y que para poder acudir a vuestra cita, apenas hemos dormido. Tenemos a nuestras espaldas unos cuantos kilómetros, y mañana, apenas sin descansar, tenemos que emprender la partida ya que el lunes hay que estar trabajando. Pero todo ello no importa demasiado, si con ello nos proporcionó un poco de alegría o por lo menos un poco de curiosidad. Por recordar al veros. Por saber que a pesar del tiempo no nos hemos olvidado, ni vosotros a mí, puesto que me habéis pedido que viniera, ni yo a vosotros puesto que estoy aquí desinteresadamente y con gusto.

Pero retomemos el hilo; os estaba diciendo que tenía pena, y que era debido a que no me podía quedar a ver por primera vez, estos carnavales de los que os estoy hablando. Esos “desmadres padres” como los llamáis vosotros. Esas charangas y chirigotas, esos desfiles de máscaras que tendrán lugar durante estos días, y que me han dicho son preciosos, que nada tiene que envidiar a los mejores de España. Yo lo recuerdo bien hace años, como a pesar de las prohibiciones de las que ya hemos hablado, en vuestro espíritu, en vuestros corazones, siempre estuvieron latentes. Porque sois un pueblo trabajador como el que más, pero también como el que más, alegre y divertido cuando llega la hora, cuando llega el momento.

Pues bien bañezanos todos: un año más ha llegado el momento de abrir la gran puerta que dará entrada a la fiesta, al jolglorio y a la máscara. Es tiempo de alegría, que ya llegarán más tarde los políticos haciéndonos poner los pies en la tierra y dándonos la lata con sus canciones publicitarias de quien es el mejor y por lo tanto a quien debemos votar… Pero aún no, todavía no es el momento. Ahora es Carnaval y por eso es tiempo del humor. Es tiempo del ingenio individual y colectivo. Momento para que esos disfraces preparados durante todo un año, hechos con sacrificio por algunos, pero con satisfacción por todos, salgan a las calles. Momentos para que esos desvelos de la comisión de festejos que tanto ha trabajado para que este año las cosas salieran todavía mejor, superándose a sí mismas, se vean recompensadas y así poder invitar a amigos y forasteros a compartir estas jornadas de alegría y desenfreno, de diversión y bullicio, de goce y música. Es tiempo de contemplaros en vuestras reinas, por unos días, del carnaval. Montse Panero y Patricia Rojo, representación en vivo de la mujer bañezana. Para vosotras también tengo unas palabras: no os conozco, pero si veo por vuestra belleza que las bañezanas estáis bien representadas. A vosotras, decía, no os conozco, pero si se, y conozco la belleza por dentro de las bañezanas, su abnegación , su integridad, su generosidad, su seriedad, no exento de alegría. Que vuestros rostros gentiles sean el fiel reflejo de esas virtudes amen de muchas cosas, y sin duda por eso os han escogido, con las que tan bién se adornan las mujeres de mi querida ciudad.

Solamente una cosa me queda por deciros y esa es que: recordéis que la libertad es un bien del que gozamos en estos momentos, “por suerte”, pero que esa misma libertad no se convierta en libertinaje. Que la nobleza que siempre os caracterizó no se pierda en estos días.

¡Divertámonos!, que gocemos hasta la saciedad pero que ese goce, esa diversión, esa libertad de hacerlo no traspase la de nuestro prójimo. Respetemos personas y cosas. Que no haya heridos. Que no haya enseres rotos. Que el orden dentro del desmadre resulte equilibrado para que así sigáis siendo la envidia de todos, y para que así cada año os vayáis superando, tarea nada despreciable que todo hombre, mujer o niño nunca debe olvidar.

Que vuestro ánimo se abra de par en par, para recibir a nuestros visitantes que vendrán en estos días a presenciar los carnavales. Aunque vosotros estéis acostumbrados a ellos, no en vano La Bañeza es un lugar turístico de primera calidad., por su paisaje, su clima, sus comunicaciones. Comentaba yo con vuestro alcalde que se va a construir un hotel para que las ofertas de camas estén de acuerdo con la demanda. Hablábamos también de los logros para que esta ciudad por decreto real desde 1895 fuera cada día más bella y cómoda, su no cesar en pensar en los demás, de ahí la construcción de los edificios públicos: hogar del jubilado, la biblioteca, el pabellón deportivo, etc…

Bañezanos queridos, no quiero extenderme más. Así es que voy a finalizar mi alocución con mis mejores deseos de amor, paz y trabajo, y alegría, para estos días sobre todo.

¡Que dé comienzo el Carnaval!

como me gustaría en estos momentos ser poeta para poder terminar un verso en el que rimaran las palabras, amor, honor, nobleza y gallardía, virtudes todas ellas que os caracterizan.

Pero desafortunadamente no lo soy, y quizás sea mejor así, porque confío en que por lo menso os resulte más sincero que me despida de vosotros diciéndoos a viva voz: ¡Bañezanos os quiero y siempre os llevaré en el corazón!.

¡Viva La Bañeza!

¡Vivan sus Carnavales!

¡Vivamos todos para contarlo!

Isabel Baeza, 1987.

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