Pregón 2008, Polo Fuertes


Queridas amigas y queridos amigos (y digo amigas y amigos, porque en carnaval no hay dignísima autoridad, ni civil, ni militar, ni religiosa, ni dios que lo fundó): Hoy recuerdo una frase que, hace más de 20 años, pronunció en La Bañeza un cura sabio y, además, abad mitrado de la Colegiata de San Isidoro de León, Don Antonio Viñallo: “Hay que ser muy atrevido para venir a dar una conferencia sobre el carnaval a La Bañeza, el viernes antes de que empiecen vuestras fiestas por excelencia”. Don Antonio es sabio y cura y nos dejó perplejos de su sabiduría del carnaval a todos los que le escuchamos. Fue durante las celebraciones del Milenario de San Salvador, en las que había un apartado de conferencias en el Círculo Mercantil Bañezano, con el nombre de ‘Los Viernes Culturales del Círculo Mercantil’. A Don Antonio le tocó aquel día, víspera de nuestros carnavales de 1986.

Traigo esta anécdota a colación, porque hoy yo pienso lo mismo: Hay que ser muy atrevido para venir a La Bañeza a hablar de carnaval, a pregonar el carnaval. Pero también puedo afirmar que lo mismo que yo, podrían estar aquí, cualquiera de los que estáis ahí sentados. De los que están ahí fuera. Todos. Hoy no voy a decir nombres, porque me olvidaría de alguno y sería imperdonable. Gentes que hemos danzado, corrido el carnaval juntos durante muchísimos años. Y nuevas generaciones. Tanto en medio de los grupos y desfiles, como en la Noche Bruja, la Noche de Chispas, o en cualquier rincón de la ciudad.

Y es que los bañezanos somos carnavaleros por herencia genética. Nuestra simpatía, nuestra idiosincrasia es un conglomerado de personalidades, con más de mil años de historia. Esa historia que otros sabrían definirla mejor que yo, pero que, al fin y a la postre, se condensa en el nacimiento de La Bañeza, de las peripecias y aconteceres de un mercado semanal, a la vera del monasterio de San Salvador. Ese mercado medieval al que, con los feriantes y clientes, llegaban también titiriteros, saltimbanquis, trileros, polichinelas, jugadores, malabaristas, teatreros, charlatanes, juglares y poetas.

A los bañezanos nos ha sido siempre muy fácil hacer el carnaval, correr el carnaval. Con prohibición y sin prohibición. Porque lo llevamos dentro. Lo hemos mamado. Por eso, no es de extrañar que todos se hayan tenido que fijar en nosotros como ejemplo, cuando las rendijas de la libertad volvieron a permitir esta fiesta que nosotros seguimos celebrando con mayor o menor fortuna, mientras las calles de la ciudad se convertían en catacumbas persecutorias para los que osábamos vestir el disfraz o ponernos las caretas. No, no voy a decir nombres de carnavaleros famosos y recalcitrantes, porque todos están en nuestros corazones, en nuestra memoria.

Una historia que saben ya en la ciudad, en la provincia, en Castilla y León y en toda España. Porque hemos sabido transmitirla de boca en boca, en periódicos y revistas, en los cursos de verano de la Universidad de León o en el Primer Congreso Nacional que el Ayuntamiento y esta Universidad organizaron hace un año.

Historia de la locura de un pueblo que, una vez al año, echa mano de su otra personalidad para salir a la calle a participar, a gozar, a danzar y sacudirse la otra locura diaria y aburrida. Sin artimañas de apósitos postizos. La locura de la trasgresión ácrata, de provocación a la autoridad (si ha hubiere), de buscar un mínimo de prohibición para poder correr (por algo) el carnaval. Locura y espontaneidad para sacar adelante la fantasía y crear unos premios ‘Miel y Hiel’ (tristemente desaparecidos), la figura de la Musa, los monólogos y el homenaje a los carnavaleros recalcitrantes en los ‘Viernes Tranquilos’, o todos los números sueltos y atados que cada grupo, cada gente, cada cual que le da la gana y propone en cualquier esquina, en cualquier rincón su propio soliloquio carnavalero, su historia, su risa, su mimo, a poco que la imaginación se escurra.

 

A veces esa locura se vuelve poesía descontrolada. Versos, ripios, coplas populares. Esa locura de colores vivos, de lentejuelas, de serpentinas y confetis. Por ello, que nadie vea en estos versos apresurados que siguen, ningún manifiesto revolucionario. Es sólo el sentir de los dedos sobre el teclado de un piano, cargado de imaginación. Algo que hoy, no sé muy bien si lo soñé, o me lo contaron las estrellas, la helada o la escarcha, el viento o la lluvia. Porque La Bañeza arde fiestas… Es Carnaval en mi pueblo.

Que se quiten las caretas

y disfraces del cortejo.

Que se abran los armarios

de imaginaciones, ciegos.

Que se rasguen telarañas

de los antifaces serios.

Que se limpien los zapatos de cristal.

Que se zurzan los harapos de ilusiones.

Que se almidonen enaguas

de puntillas y de enredos.

Que dancen las bambalinas

y que lluevan los luceros.

Que las sirenas susurren

cánticos y cachondeos.

Que cataratas de risas

revienten nubes del cielo.

Que las estrellas nos guiñen

a propios y forasteros.

Que La Bañeza arde en fiestas…

Que es Carnaval en mi pueblo.

Carne de danza y de baile,

de alegrías y de anhelos.

Antruejo de chispa, brujas,

de juerga y jarana velos.

Disfraces de Blancanieves

con enanos lisonjeros.

Payasos de blanca cara,

o simples payasos negros.

Abejas, ranas, dragones.

Gatos, osos y ratones.

Piratas, indios, o curas.

Risas de helados y soles.

Lágrimas de lluvia fría

y amanecer en colores.

Esquizofrenia, locura

de un pueblo llano y certero.

Máscaras sobre la puerta

susurrando desconsuelos,

bisbiseos de modistas,

hilvanes, telas, enredos.

Que La Bañeza arde en fiestas…

Que es Carnaval en mi pueblo…

Y la juerga se hace calle.

Hay labriegos y artesanos.

Hay clérigos y licenciados.

Hay matronas, hay doncellas

y hasta algún ceño arrugado.

Y el Miércoles de Ceniza…,

ya los zapatos colgados,

los zapatos de cristal

de una cenicienta en paro,

nos pondremos las caretas

que llevamos todo el año.

Y una ‘Sardina’ en la noche

llora este fin desolado,

con versos de verdes lanzas,

con coplas de desencanto.

En un velatorio viejo

hay lloronas sandungueras,

rompiendo juergas y cielos,

de vinos y de escabeches,

para enterrar el antruejo.

Que La Bañeza arde en fiestas…

Que es Carnaval en mi pueblo.

Viva el Carnaval 2008. Viva La Bañeza

Polo Fuertes. Febrero 2008

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