Pregón 2010, Crispín d’Olot


Había una vez un rey

melancólico y enfermo

de larga  barba blanca,

ojos de nubarrón negro

y corazón de grises peñas y de brezo.

Había una vez un rey llamado Invierno.

Como todo gran señor

poseía un castillo muy altanero

construido en el principio de los tiempos

emplazado a más de dos mil metros

sobre las cumbres altas,

sobre las límpias cumbres del Teleno.

Desde allí el anciano rey

imponía su despótico gobierno

sobre toda viviente criatura,

señor de lo vivo y de lo muerto.

Y como todo gran monarca viejo

alimentaba de sombras un ejército:

su clarín era el lobo,

sus emisarios, los cuervos,

las raposas, sus espías,

sus jinetes los vientos,

sus arqueros, el granizo y la nevada,

su infantería, cellisca y aguacero.

Había una vez un rey huraño y viejo….

¡Cuántas veces dejo sentir su hastío

sobre campos marchitos y páramos desiertos!

¡Cuántas veces después de una rabieta

un manto blanco unió las cumbres y los huertos!

¡Y cuántas veces los árboles tronzó

y anego las praderas y vaguadas histérico!

Su talante infantil con egoísta vara regía;

todo lo ataba su desprecio:

a la débil viva criatura

y a la piedra, que no conoce el miedo.

Los caminos cegaba este monarca,

y torcía el cauce de los ríos en sus lechos;

los días acortaba

robándole a la tierra los rayos del sol bello

y avaro los guarda

bajo el manto de nubes de su imperio.

Se llevaba los frutos,

la mies, el trigo, el pan ameno,

e impedía que otra cosa naciese

que no fueran cenizas en su frígido reino.

Al ave silenciaba su canto generoso,

al débil, retiraba su sustento,

y era condenada a fatal muerte

la recién nacida criatura en su mano de hierro.

Había una vez un rey

que la vida envidiaba en sus adentros.

Su saña había sometido a todas las criaturas

pero…

una de ellas, quizá la más extraña,

no quería plegarse a sus deseos.

El hombre,

de todo lo creado bajo la capa del cielo,

era quien menos toleraba aquel reinado gélido.

El hombre, con fastidio,

se veía encorvado en su casa junto al fuego,

sin luz de sol,

sin amores,

esperando el deshielo,

empleando en mantener caliente el nido

su dinero.

De puertas para afuera usaba abrigo,

guantes, paraguas, botas, fieltros,

y si hablaba lo hacía muy bajito,

casi sin aliento,

porque el invierno, con una mano fría,

les tapaba la boca y mandaba silencio.

La lluvia, los días recortados,

las carreteras duras de nieve y hielo,

las máquinas de acero ruidosas

despejando el trayecto;

los achaques de la edad,

los resfriados tercos,

las gripes, resbalones y caídas,

hacían a los hombres soñar,

soñar despiertos,

con el curso de las aves migratorias,

con litorales espléndidos de luz y de mar plenos,

con latitudes donde la primavera

ejerciese su dulce gobierno.

Pero, ¡ay!, agria es la vida del hombre,

clavel tierno,

es breve y lo atan a su tierra

las carnales raíces del lamento.

Y así muchos soportaban

al saturnal monarca con estoico misterio.

Pero en un lugar de su dominio extenso,

hay una ciudad, una villa,

donde un alzamiento se está  urdiendo

contra el rey poderoso

y su temible y espantoso ejército.

Vega adentro, La Bañeza,

La Bañeza, vega adentro,

labrada entre santos ríos,

el Duerna, el Órbigo, el Tuerto,

es el lugar, es la plaza,

es el corazón del sueño.

Allí, comenzó a gestarse

la rebelión del pueblo

contra el toque de queda del Invierno.

Allí la aguja y el dedal

con ayuda del corazón y del cerebro,

dirigidas por la ardiente fantasía,

la más encarnizada enemiga de los hielos,

su danza de patrones y recortes emprendieron:

coser y cortar, cortar y coser,

coser y cantar, cantar cosiendo,

contra la cárcel del rey del aterimiento.

Allí, en La Bañeza,

vega adentro, vega adentro,

allí, se pertrecho de paramentos

el más extraño ejército

que historiador alguno

registró en sus  prolijos mamotretos.

Allí se disfrazó  la población en pleno

a combatir al rey de los neveros.

Allí un ejército de hombres y mujeres,

de niños y de viejos,

salieron a la calle vestidos de arcoiris

a combatir a grados bajo cero.

¡Qué ejército tan pintoresco y fiero!

armado hasta los dientes de pelucas, de sombreros de bruja,

con purpurina charolando sus cabellos;

con bigotes de pega y barbas de jamelgo;

con parches en el ojo,

abrigos con remiendos…

¡Qué ejército tan pintoresco y fresco!

Marchan pintiparados

formando un desconcierto

que late a un solo ritmo

de corazón inmenso.

Son como un seísmo de alegría,

de locura un corrimiento,

como si los pinares de Tabuyo

se hubieran puesto en movimiento,

Abandonan sus casas, salen de ellas,

no importa el clarín de queda del invierno,

no importa que las fuentes se congelen,

que los coches no arranquen,

que no arraigue el fuego,

han tomado la calle los rebeldes

que avanzan contra el tedio.

De pronto hay un clamor de máscarasdiciendo:

-Huye, frío y seco invierno.

Es mejor que respetes La Bañeza,

que te guardes de este carnaval de fuego.

Retrocede a tu gélida morada,

torna a las pacientes cumbres blancas del Teleno.

Atrás, anciano desabrido,

porque aquí en La Bañeza ¡basta! hemos dicho y queremos

que sea de primavera nuestro invierno.

Basta de lloros y lamentaciones,

basta de penas, basta de padecimientos,

basta de rencores que nos hielan el pecho,

basta de desilusiones,

basta de resentimientos,

basta de mediocres vidas y de mediocres sueños,

basta de medias tintas.

Ahora manda el carnaval,

el bañezano alzamiento.

Vete rey de los grajos y de los chopos secos.

Abandona este lar por unos días,

retírate a tu cámara de hielo,

deja estas criaturas ser semillas,

semilleros de sueños aunque sea invierno.

Con máscara y disfraz de ti burlamos

saturno de grave y pesaroso ceño,

de tu guadaña de carámbanos

y de tu reló de viento.

Y si quieres buscarnos, rey Invierno,

te lo advierto, disfrazados jamás sabrás

quién dijo esto.

Y cuenta la leyenda que oyéndolo

huyó de La Bañeza horrorizado,

montado sobre un corcel de cierzo,

el implacable Invierno.

Hubo una vez un rey melancólico y enfermo.

Porque ser los carnavales de La Bañeza de los carnavales con más tradición en España, Vosotros Sí Que Valéis.

Porque los bañezanos han corrido los carnavales con o sin prohibición, V. S. Q. V.

Porque cuando os disfrazáis no os conoce un la madre que os parió, V. S. Q. V.

Por venir de La Bañeza y también de Jiménez y de Requejo y de Soto y de Huerga y de Valcabao y de todos los pueblos de dentro y fuera de la comarca, V. S. Q. V.

Porque nada más concluir este carnaval ya estáis trabajando en el del próximo año, V. S. Q. V.

Porque mientras haya bañezanos, habrá carnaval, V. S. Q. V.

Crispín d’Olot, 2010.

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3 Responses to Pregón 2010, Crispín d’Olot

  1. jose maria ramos r. dice:

    Estraordinario pregon por Crispin D.olot,

  2. jose maria ramos r. dice:

    Un ingenioso pregon ademas con gran mensage para todos los bañezanos y con mucho sentido de animos para los carnavaleros un fuerte abrazo desde aqui ERMUA

  3. marian dice:

    viva la bañeza vivan los bañezanos y todos los acompañantes Y VIVA Y REVIVA CRISPIN D.olot
    mucho animo para años venideros
    un fuerte abrazo desde urrtxu
    una bañezana

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